“ Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” Heb. 4:16 Por mucho tiempo he observado un comportamiento extraño a la hora de orar. No importando si es para iniciar una reunión, si es por los alimentos, si es para interceder por alguien, etc. Me he percatado que para muchas personas, orar es como un castigo, algo que se les impone, y que de alguna forma desean evitar hacer. Me decidí a escribir esto, no con el afán de entrar en el detalle teológico de la oración, en cuanto a partes, motivaciones, respuesta de Dios, o algún otro tema parecido, sino, sencillamente, expresar mi tristeza al ver a muchos evitar orar, y pasar la “bola” como si fuera una “papa caliente”. Hay escenas típicas, como por ejemplo: “Dale María, orá vos”, a lo que María, rápidamente responde frases como: “¿Por qué yo?”, “¿Yo oré la última vez que nos reunimos?”, “¿Por qué no ora otro?”, “¿Yo otra vez?”, entre algunas otras resp...
Los pensamientos de un superhéroe.