Salmo 19:12 ¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos.
Esta semana, un titular en las noticias, compartía el extraño hecho de que un mujer había estado viviendo en el closet de un japonés, quién estaba extrañado de que se le estuviera terminando la comida que él dejaba guardada, y por tal motivo decidió instalar una cámara y así descubrió que la mujer estaba instalada dentro de su armario.(Ver noticia completa: http://noticias.latam.msn.com/articulo.aspx?cp-documentid=7800283 )
A parte de que me pareció muy curioso, me recordó las palabras de David al Jehová en el Salmo 19:12, en las que le pide que le libre de los errores que le son ocultos, errores o pecados que pueden llevar años viviendo en los “armarios” de nuestros corazones, y que no los hemos identificado. Que nos mueven a hacer cosas y que al final nos preguntamos “¿Por qué lo hice?”, que se van “comiendo” nuestra integridad, y que al final vamos tolerando comportamientos que no le agradan a Dios, y los comenzamos a ver como normales.
Muchos de nosotros nos podemos encontrarnos con pecados que están ocultos dentro de nuestro corazón, y que están instalados ahí sin que nosotros hagamos algo por sacarlos, y que poco a poco pueden ir perjudicándonos de diferentes formas. ¿Vamos a dejar que vivan para siempre en nuestro armario? NO. Dios quiere que cada uno de nosotros luche contra el pecado, pues Él ya pagó el precio, nos dio la victoria, y ahora debemos vivir para dar testimonio de cómo Él es el único que puede ayudar a las personas a ser libres del poder del pecado. Aún si están ocultos, pidamos como David, que Dios nos libre de ellos, que nos muestre con claridad las áreas de nuestra vida en las que tenemos que trabajar, para que con el poder que Él nos ha dado por medio de su Santo Espíritu, podamos luchar y vencer los hábitos que al Señor no le agradan.
Señor, “líbrame de los que me son ocultos”, quiero agradarte a ti.
Muchos de nosotros nos podemos encontrarnos con pecados que están ocultos dentro de nuestro corazón, y que están instalados ahí sin que nosotros hagamos algo por sacarlos, y que poco a poco pueden ir perjudicándonos de diferentes formas. ¿Vamos a dejar que vivan para siempre en nuestro armario? NO. Dios quiere que cada uno de nosotros luche contra el pecado, pues Él ya pagó el precio, nos dio la victoria, y ahora debemos vivir para dar testimonio de cómo Él es el único que puede ayudar a las personas a ser libres del poder del pecado. Aún si están ocultos, pidamos como David, que Dios nos libre de ellos, que nos muestre con claridad las áreas de nuestra vida en las que tenemos que trabajar, para que con el poder que Él nos ha dado por medio de su Santo Espíritu, podamos luchar y vencer los hábitos que al Señor no le agradan.
Señor, “líbrame de los que me son ocultos”, quiero agradarte a ti.
Publicado por:Francisco Javier Cáceres
Comentarios