En el desarrollo de los Juegos Olímpicos de este año (2008), sin duda una de las grandes figuras a sido el nadador estadounidense Michael Phelps, quien ya era reconocido por su velocidad y calidad en el nado y ya había ganado varias medallas en los Juegos Olímpicos anteriores. Pero en especial en estos Juegos de Beijing , logró sobre pasar las marcas de grandes nadadores, y se ha convertido en el mayor medallista olímpico en natación. (Lee el artículo aquí)
http://www.as.com/mas-deporte/articulo/juegos-olimpicos-verano-competiciones-deportivas/dasmas/20080815dasdasmas_7/Tes
Pero, lo que me llama la atención, es que como era de esperarse, la crítica se comenzó a dar, por la supuesta sospecha de que se inyectaba alguna sustancia o ingería algo para mejorar su rendimiento, a lo cual él contestó: "Cualquiera puede decir lo que quiera. Yo sé que estoy limpio. Participé en ''Project Believe'' con la USADA (Agencia Antidopaje de Estados Unidos), donde deliberadamente me sometí a más controles para probarlo".

Esta frase me hizo reflexionar en las palabras de Pablo a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse…” 2da Tim. 2:15, puesto que me impacta la forma en que Phelps no teme a las críticas, porque sabe que “no tiene de qué avergonzarse” en su preparación atlética, sino que lo ha hecho todo de la mejor forma posible, siendo honesto, y ahora las cosas le dan fruto. Y eso anhelaba Pablo de su “hijo” Timoteo, que delante del Señor, que lo ve todo, él se pudiera presentar sin avergonzarse de cosas malas, sino sabiendo que actuó y vivió agradando a Dios.
Cuán difícil es para cada uno de nosotros pensar en que llegaremos delante de Dios “sin nada de qué avergonzarnos”, pero debe ser nuestro anhelo, y nuestra dedicación, “con diligencia”, con esfuerzo, el buscar agradar a Dios en todo lo que hacemos. Dios ya pagó el precio en Cristo por nuestros pecados, así que esforcémonos por vivir como a Él le agrada, sabiendo que nuestra recompensa no será una medalla olímpica, ni el aplauso de la gente, sino, una recompensa en el cielo, que nuestro Dios mismo nos dará.
¿Querés presentarte a Dios como obrero que no tiene de qué avergonzarse? ¡Luchemos juntos por eso cada día!
Publicado por:Francisco Javier Cáceres
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