Le agradezco a Dios por el regalo que me dio de una mascota. Su nombre es Snoopy, y es un perro simpático, pero con un carácter muy fuerte. Escribí esto, porque me pareció importante la lección que aprendí con él. Desde que Snoopy llegó a nuestra casa, siempre fue consentido por mí, siempre estuve
preocupado por él, y diciéndole cosas bonitas (sino me cree pueden preguntarle a mi familia). Hemos pasado momentos en los que hemos tenido que estar separados de él hasta por 2 meses por problemas económicos, y también hemos aprendido a vivir en un lugar pequeño, sin tener a donde correr y jugar. Snoopy se acostumbró a que todas las mañanas, a las 5:00 a.m. y en las noches, yo lo saque a la calle para que haga sus necesidades fisiológicas y para que se divierta un rato. El sabe exactamente la hora en que lo tengo que sacar, por lo que comienza a llorar para avisarme que: “Ya es hora de salir”. Como lo dije al principio, Snoopy es muy juguetón y amoroso, pero tiene un carácter fuerte, se enoja cuando no le gusta algo y no deja de dar un poco de miedo.El caso es que hace pocos días, yo estaba jugando con él, pues ya habíamos regresado de su paseo nocturno, y mientras veíamos televisión, estaba acariciando su espalda, entonces encontré una ramita de arbusto atorada entre su pelo. Se la traté de quitar, pero como estaba muy enredada, a él no le gustó, y me mordió la mano. Yo me molesté, en parte porque me dolió mucho, y en parte porque estaba haciendo algo por su bien, así que me fui a mi cuarto y me dormí. A las 5:00 a.m. de la mañana siguiente, Snoopy estaba llorando, porque era la hora de salir, así que me levanté y él me recibió alegre como siempre, y salimos, pero mientras estaba caminando, recordé la mordida de la noche anterior, y recordé que me había dolido, pero también entendí que a pesar de lo que me había hecho, yo estaba siendo responsable con sus necesidades y porque lo quiero, estaba respondiendo a su llamado.

Ahí, aprendí una lección. Muchas veces le “mordemos la mano” a Dios, con nuestras actitudes, con nuestros acciones, con nuestros pensamientos, y aún así Él es Fiel con nosotros, el no nos responde con amargura, o resentimiento, sino que siempre nos trata con amor y nos perdona cuando venimos a Él arrepentidos. A veces, hasta nos quejamos y Él está trabajando por nuestro bien. Recordé el texto: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” Mat 7:11, y pensé en como Dios siempre ha estado ahí dándome buenas cosas, a pesar de que yo no soy bueno. En medio de diferentes etapas de mi vida, siempre he contado con Él, y con su cuidado. Yo me preocupo con amor por mi mascota, ¡CUÁNTO MÁS DIOS SE PREOCUPA CON AMOR POR NOSOTROS, QUE SOMOS SU ESPECIAL CREACIÓN, SU HIJOS!
Esta analogía no pretende en ningún momento indicar que somos mascotas de Dios, sino por el contrario, enfatizar que si el ser humano es capaz de cuidar a una mascota con tanto esmero e interés, CÓMO NO VA A SER, EL CUIDADO DE DIOS PARA CON SUS HIJOS, QUE AUN “SIENDO PECADORES, CRISTO MURIÓ POR NOSOTROS”, su Único Hijo.
Le doy gracias a Dios por ser Fiel, y estoy seguro que tú podés darle gracias también.
Publicado por:
Francisco Javier Cáceres
Comentarios