Yo no estaba enterado de un movimiento internacional que llegó a mi universidad, denominado: “Libro Libre”, en el cuál se desea fomentar la lectura por medio del intercambio de libros entre personas que probablemente ni se conocen y que tienen en común su gusto por leer. Me di cuenta de esto por unos afiches pegados en varios lugares de la universidad. La metodología es simple: (A) Podías acercarte a uno de los denominados “centros de intercambio”, en los cuales podías hablar con alguien y comentarle sobre el libro que querías cambiar, y por qué te había gustado, etc., y luego esa persona te entregaría a ti un libro también. (B) Podías dejar un libro en algún lugar público, como una parada de buses, una banca, la cafetería, etc., esperando que alguien lo encontrara y se lo llevara para leerlo. A esta dinámica se le llamaba “Libera un libro”.
De cualquier forma, me puse a pensar en cuál sería el mejor libro que yo podía “liberar” para que alguien más lo leyera, y entonces, lo comenté con mi padre, y decidimos que llevaría varios ejemplares del Nuevo Testamento que me habían obsequiado. Estos ejemplares tenían un color más llamativo y un tamaño mediano, diferente a los pequeños a los que muchos de nosotros estamos acostumbrados.

No estoy seguro quienes tomaron los libros que “liberé”, pero fue emocionante andar dejándolos en lugares donde sabía que alguien tenía que pasar y los vería. Y más emocionante aún era imaginar que alguien podía conocer la verdad, sí se decidía a leerlo.
Espero en el Señor que estos ejemplares del Nuevo Testamento sean de bendición para alguna persona, que con una gran necesidad, necesite conocer de la vida de aquél que lo dio todo por amor a ella: Jesús.
Publicado por:
Francisco Javier Cáceres
De cualquier forma, me puse a pensar en cuál sería el mejor libro que yo podía “liberar” para que alguien más lo leyera, y entonces, lo comenté con mi padre, y decidimos que llevaría varios ejemplares del Nuevo Testamento que me habían obsequiado. Estos ejemplares tenían un color más llamativo y un tamaño mediano, diferente a los pequeños a los que muchos de nosotros estamos acostumbrados.

No estoy seguro quienes tomaron los libros que “liberé”, pero fue emocionante andar dejándolos en lugares donde sabía que alguien tenía que pasar y los vería. Y más emocionante aún era imaginar que alguien podía conocer la verdad, sí se decidía a leerlo.
Espero en el Señor que estos ejemplares del Nuevo Testamento sean de bendición para alguna persona, que con una gran necesidad, necesite conocer de la vida de aquél que lo dio todo por amor a ella: Jesús.
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