2da Timoteo 1:6“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder de amor y de DOMINIO PROPIO” (Énfasis añadido)
La novela de Stephenie Meyer ha sido un éxito en librería, y ahora lo es en el cine también, con el estreno en de Twilight (que corresponde al nombre del primero de sus libros), se inicia la saga de una historia de vampiros, que no me parece tan común.Me llama poderosamente la atención el contraste entre los vampiros comunes, imparables, insaciables, sin escatimar consecuencias, que hacen cualquier cosa por obtener su apreciado alimento de quien sea, cuando sea y de la forma que sea, vampiros con una sed de sangre que no se puede controlar.
Pero, la familia Cullen, está compuesta por vampiros que no toman sangre de humanos, sino que, en palabras de Edward, son “vegetarianos”, y han llegado a controlar sus instintos para solo beber sangre de animales. Eso no quiere decir que no les sean apetecibles los humanos, por el contrario, Edward tiene una gran lucha por controlarse al sentirse sumamente atraído a beber de la sangre de Bella.

Aunque poco común, este vampiro sí puede controlarse, y muestra un Dominio Propio impresionante, un dominio propio que le impidió morder a Bella.
La Biblia nos dice que si nosotros nos dejáramos controlar por el Espíritu Santo, tuviéramos un Domino propio que nos permitiría mantenernos firme y no ceder, por muy “apetitosa” que nos pareciera la tentación. Y eso también nos haría parecer extraños, pues como seres humanos estamos acostumbrados a ceder y caer en pecados, aun cuando decimos que “no lo vamos a volver a hacer”. En lo personal, la película está muy interesante, y así imagino que ha de estar el libro también; pero la forma en que un vampiro puede contener sus instintos y no beber sangre de humanos, me reta a pensar que la fuerza que el Espíritu Santo nos da, debería de ser más que suficiente para que pudiéramos obedecer a nuestro Dios. Debería de capacitarnos a permanecer firmes ante las tentaciones. Y ese es el anhelo de Dios, que Su Santo Espíritu nos capacite y nos fortalezca. Muchas veces nos quejamos, y decimos que no podemos resistir a la tentación, pero si permitiéramos que el Espíritu Santo que mora en nosotros, como lo dijo Pablo, veríamos que como un fruto natural, podríamos tener Dominio Propio y obedecer a Dios en toda situación.
Uno de los frutos del Espíritu es el Domino Propio (Gal. 5:22), el saber controlarnos, el no ceder, el contenernos, y sé que por medio del Espíritu Santo podemos mantenernos firmes, y al igual que el vampiro Edward, no beberemos de la “sangre” del pecado, por muy “apetitoso” que parezca.
Publicado por:
Francisco Javier Cáceres
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