1ra Juan 4:19-21
“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.”
Dentro de muy poco tiempo, tendré que ser sometido a una endodoncia, lo cual es un procedimiento bucal que quisiera no tener que practicarme. En lo personal, cualquier molestia bucal me ocasiona mucho dolor, y pensar que van a extraerme los nervios de una muela, y luego van a tener que sellarla, me causa un poco de miedo. Todo porque una caries llegó al nervio de mi muela, y por haber avanzado tanto, ya no hay otro remedio. Lo peor de todo, es que se hubiera podido haber evitado. Hace un año, mi muela se quebró, y por mi descuido, pasé seis meses sin visitar al dentista, lo que le permitió a la caires llegar más rápido al nervio. Mi absurdo pensamiento era que si me lavaba bien los dientes, no necesitaba que me viera un dentista, pues yo me estaba cuidando, pero la realidad era otra, mi muela tendría que haber sido reparada lo antes posible.

Esto me hizo reflexionar sobre las relaciones interpersonales que solemos tener. Muchas veces, por una u otra razón, se fracturan, ya sea por un mal entendido, por un enojo, una ofensa, etc. Y luego dejamos que el resentimiento, la falta de perdón y muchos sentimientos negativos comiencen a corroer nuestro corazón, al punto en el que el dolor es inevitable. Durante mucho tiempo, al igual que mi muela, pensamos que todo estará bien, que podemos seguir adelante sin preocuparnos por la fractura de nuestras relaciones. Pero, llega el momento en que sufrimos nosotros y hacemos sufrir a otras personas. Deterioramos nuestras relaciones, y muchas veces, estas nunca se salvan, y perdemos amigos de toda la vida. En el texto de 1ra de Juan, somos confrontados con la realidad de amar a nuestro prójimo, pues de lo contrario somos mentirosos al decir que amamos a Dios, que no vemos, si no podemos amar a las personas que nos rodean, que si vemos.
Es tiempo de dejar el orgullo fuera, y con valentía comenzar a resolver nuestras diferencias con otras personas, y avanzar hacia relaciones saludables, en las cuales podamos glorificar a Dios y compartir genuinamente el amor de Dios, vivirlo y disfrutarlo. Al igual que la caries, sin que te des cuenta, un día le resentimiento puede acabar con todo, y el dolor llegará. ¡Hay que actuar hoy!
Publicado por:
Francisco Javier Cáceres
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