“Como heraldo del Señor vino un viento recio, tan violento que partió las montañas e hizo añicos las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Al viento lo siguió un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo.” (1 Re 19.11-13)
Las pasadas vacaciones de agosto, se llevó acabo nuestro campamento anual de jóvenes, en Guatemala, y la persona que nos acompañó para compartir con nosotros la Palabra de Dios, es un pastor de Costa Rica, que vive en Estados Unidos, y que ya habíamos tenido la oportunidad de escuchar varias ocasiones, y que se caracteriza por elaborar muy buenas enseñanzas, preparadas y con un suculento contenido bíblico. Así que nuestras expectativas eran muy altas. El caso es que la segunda noche del campamento, después de un tiempo de oración, una chica comenzó a orar, y el Espíritu de Dios, tocó nuestros corazones, y todos nos unimos a la oración, y comenzamos a interceder unos por otros, y a unirnos en un abrazo fraternal. Según el programa que habíamos desarrollado, el siguiente punto era la enseñanza, pero, el hno. Gustavo Soto, se paró frente a todos, oró, y luego dijo: “Yo tenía una enseñanza preparada para esta noche, pero estoy seguro que Dios ya habló.” Y de esta forma, bajo el asombro de los líderes, vimos como los chicos comenzaron a compartir lo que Dios estaba haciendo en sus vidas, y lo que había puesto en sus corazones en esa noche, para animarlos a trabajar en sus vidas.
Yo me quedé atónito, porque siempre esperamos que el predicador haga un llamado, un reto, que use su bosquejo, que nos comparta lo que probablemente le tomó horas preparar. Que haga uso del don que Dios le dio de comunicar, y nos anime a tomar decisiones. Pero la madurez de Gustavo Soto, al reconocer que Dios tiene varias maneras de hablarnos, y la sintonía de su corazón con la voz de Dios para saber que ya había tocado los corazones de los jóvenes, me impactó.
Sigo pensando en ello, y le pido al Señor, que me ayude a escucharle primero yo, y luego transmitir a los demás lo que Él quiere que diga, y no lo creo conveniente, solo porque lo había preparado con esmero. NO estoy seguro qué esperaba Elías en la montaña, pero sí creo que la voz de Dios le impacto. NO estoy seguro de lo que yo esperaba de esa noche, pero si estoy seguro que Dios habló, claramente, nos retó, y nos abrió el panorama, nos demostró que aún hoy, el sigue hablando.
¿No crees que Dios te haya hablado? ¿Has escuchado su voz? ¿Le has prestado atención? Sé que Dios te ha dicho algo a ti. Pensalo.
Gracias Dios, tu voz es tan dulce, aun cuando me cueste tanto obedecer. Tú sigues hablándome.
Publicado por:
Francisco Javier Cáceres
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manuel peña